viernes, 6 de noviembre de 2009

¿Que tendra de malo?


¿Que tendrá de malo la muerte, que a veces nos lleva tan temprano? Porque la muerte es mala, me enseñaron de chiquito, te separa de tus seres queridos para siempre y nunca mas los volves a ver.
Después con el tiempo fui creciendo y entendiendo a través de mi creencia religiosa, que solo era un paso mas, uno de los tantos que tenemos que dar en esta vida. Y asi con el correr de los días, no digo que la muerte y yo seamos amigos inseparables, pero nos entendemos un poco mas.
Por eso, el otro día cuando me hice esta pregunta: ¿Que tendrá de malo la muerte, que a veces nos lleva tan temprano? Dude. Porque con todos estos males que nos aquejan, con todas estas angustias que crecen día a día hasta convertirse en una voz sin grito, con toda esta esta soledad que nos acompaña hasta el rincón mas oscuro del tiempo, yo seguía preguntándome: ¿Que tendrá de malo que nos lleva tan temprano?
Uno sale a la calle y la gente va a los tumbos, peleando contra un viento que cada vez se hace mas intenso, creyendo que el enemigo esta en el otro, donde las diferencias a esta altura ya son insalvables y en realidad no nos dejan ver esa realidad que el hombre se encarga de borrar: De que somos todos iguales. Por eso me preguntaba: ¿Que tendrá de malo la muerte que a veces nos lleva tan temprano?
De pronto, un pensamiento pesimista cruzo por mi cabeza, forzándome a creer que todo estaba perdido. Solo atine a respirar. Los segundos se hicieron mas largos y mis esperanzas de creer que algo feliz vendría, se desvanecieron. Levante la mirada y el cielo celeste brillante me respondió con total franqueza. Pero algo en mi no esta bien. Porque muy internamente, creo que es verdad, que todo esta perdido.
¿Que tendrá de malo la muerte que a veces nos lleva tan temprano? Pregunte al comienzo.
A veces hay que entender que el final se transforma en principio. Y si la muerte vino a sacarte de nuestro lado, creo que lo hizo para salvarte, para quitarte de encima este sufrimiento cotidiano que no merecías.
Ya habías vivido demasiado. Y me convenzo cada día mas, de que si te llevo tan temprano Agostina, es porque algo bueno en la muerte debe de haber.

Eso espero.

04-11-2009

jueves, 29 de octubre de 2009

Triste final


Las noticias lo anunciaban desde hacía rato. Lo que parecía una loca predicción de algunos, se hizo realidad. Solo podía verse en los noticieros fútbol y científicos locos explicando el fenómeno, no del fútbol, sino de esto que acababa de ocurrir a la mañana y que marcaría para siempre un nuevo rumbo de la humanidad.
Debo ser honesto, cuando me contaron lo que sucedería con lujo de detalle, no lo creí. Otra de las tantas estupideces que inventa cierta gente para justificar los millones invertidos de los gobiernos de turno. Pero a la mañana cuando me levante, siguió siendo noche y ahí comprendí todo. Prendí el televisor y las noticias hablaban solamente de eso. De Fútbol y del estallido del sol que nos dejaría para siempre a oscuras. Me senté en el sillón y lo primero que pensé fue: Con que así empieza todo, el final de todo.

29-10-2009


jueves, 3 de septiembre de 2009

¿Como hice? No lo se.


Un colectivero cruzo el semáforo en rojo, provocando la ira de los peatones y de algún taxista desprevenido, una mujer muy bajita hablaba por su teléfono celular tan alto, pero tan alto, que desde la esquina podía escucharse su descontento con su actual novio, un linyera en el pasillo de alguna galería, dormía tapado por las noticias de la semana pasada, los subtes cortaron el servicio sin previo aviso a las nueve de la mañana y la gente golpeaba los vidrios de la boletería pidiendo la devolución de su dinero, un chico paso corriendo y le robo el celular a una mujer que estaba preguntándole a su hijo si quería pollo para la cena, una ambulancia desde la mitad de la cuadra puso las sirenas a todo volumen creando un caos en plena esquina de Corrientes y callao, logrando pasar gracias a la buena voluntad de los conductores, pero cuando logro cruzar apago la sirena con la risa cómplice de los médicos, tres chicos se agarraron a trompadas a puro mochilazo a la salida del colegio, mientras el resto miraba y se reía, un policía le hizo la multa a un motociclista por no llevar el casco y este se escapo haciéndole un gesto obsceno, desde un local de electrodomésticos la presidenta hablaba sobre el fútbol gratis, millones de pesos invertidos por una pelota y millones de argentinos hechos pelota por la falta de inversión, ni siquiera de un peso, en otro televisor mostraban el paro del campo, donde las vacas se morían y nosotros nos moriamos un poquito tambien. Prendi mi televisor y miles de chicas que no sabian hablar, bailaban y buscaban algun futbolista para salvar su vida. Mire al cielo y las nubes grises amenazaban con llover. En ese momento me pregunte: ¿Entre tanta mediocridad, entre tanta mentira, entre tanto egoísmo, como hice para encontrarte? Y Honestamente, no lo se.

03-909-2008


martes, 23 de junio de 2009

Reflexiónes


Muchas veces me pregunto porque la Argentina fue, es y será un país tan grande, tan extenso y tan rico, que tuvo y tiene la desgracia de tener políticos y hombres tan insignificantes, tan chiquitos. Esta es la primera reflexión que se me viene a la cabeza.
Ellos y nosotros. Siempre. Diferencias, siempre.
Peronistas vs. radicales, Boca vs. River, Unitarios vs. Federales y al no contentarnos con esto, cuando nos aburrimos de pelear entre nosotros, al "enemigo" lo buscamos afuera, como si eso nos diera mas libertad para odiar. A traves de la historia, Siempre fueron ellos los que nos querían invadir, los que nos querían usurpar tierras, los que nos querían bloquear económicamente, los que nos quitaron Malvinas. Siempre fueron ellos. Pero realmente ¿Siempre fueron ellos?
A traves de todos estos años hubo increíbles personajes que sin pedir absolutamente nada y sin la ilusión de aparecer en algún manual de primaria, hicieron grande a lo que queda de este país. Pero ante cada acto valorable, ante cada paso heroico, entre nosotros, nunca lograbamos ponernos de acuerdo. Si este lo hace bien ¿Porque lo que hace bien?, ¿Si este hace las cosas mal, porque las hace mal? Pero siempre la misma idea. Ellos y nosotros. Como si el otro fuera ajeno.
A medida que fue pasando el tiempo, la política (ellos) y los hombres (nosotros) se han ido desgastando de manera considerable, sumergiéndose en confusiones sin retorno. Por eso hoy no sorprende que un futbolista sea diputado, que una vedette sea senadora, que un maratonista fuese chef, o que un filósofo pueda ser taxista. Da lo mismo. Porque en nuestro ADN, estamos acostumbrados a la idea de que el argentino estuvo preparado para todo, haciendo de todo, mal o bien, pero haciendo, el resto no importaba.
Que extraño, porque hace un tiempo ya que la quietud se escribe con mayúsculas por estas tierras. Aquí nadie hace nada, ni mal o bien. Entonces la pregunta es obvia. En momentos de tanta confusión ¿Los políticos son chiquitos? ¿O nosotros somos un reflejo de ellos? Y otra vez la misma cuestión, ellos y nosotros.
Creo que algo esta claro. En estos días de confusión, donde nadie se conoce con nadie, ya la linea que dividía a ellos de nosotros, hoy es casi invisible. Podemos ser ellos, o podemos ser nosotros.
Nuestra falta de memoria y nuestra imposibilidad de discernir entre lo que esta bien o lo que esta mal, hace que esta gente pequeña sea grande en un mar, donde todo el mundo dice nadar, pero a la hora de tirarse al agua, pocos se animan.
Muchas veces me pregunto porque la Argentina fue, es y será un país tan grande, tan extenso y tan rico, que tuvo y tiene la desgracia de tener políticos y hombres tan insignificantes, tan chiquitos.
Esta es la primera reflexión que se me vino a la cabeza.
Ellos y nosotros, creía.

Ahora no se bien de que lado estoy.

04-09-2009


jueves, 18 de junio de 2009

Milagros


El sabia que algún día llegaría. El lo sabía. Solo había que determinar una sola cosa. ¿Cuándo? Porque a decir verdad, los mares y las estrellas dejan de ser mares y estrellas cuando uno esta solo, cuando la brisa entra sin pedir permiso sin que nadie nos protega. ¿Alguien tenía que aparecer? Alguien que logre activar la misteriosa formula para poder explicar que uno no esta en la vida solo por capricho. Sin embargo, el hacía mucho tiempo que veía las estrellas sin mirarlas y sentía el mar como cualquier agua, como cualquier charco que quedaba por ahí, sobra de alguna lluvia pasajera.
Y un día, sin darse cuenta, se recosto sobre su falda, y de pronto vió que las estrellas se habían transformado en verdaderas estrellas y que el río que había tocado durante toda la tarde, ya no era solo agua. Era aquel río que había estado buscando durante tanto tiempo y que por fin había encontrado. Ella le contó un cuento mientras anochecía y en ese preciso instante supo que era ella. Ahora si las estrellas eran estrellas y los mares eran mares, pensó. Levantaron la vista al hermoso cielo despejado y miraron las estrellas. Ella ya tenia una asi que el decidió elegir una que estaba a su lado. Tanto tiempo mirando sin mirar, tanto tiempo buscando por lugares insolitos y sin querer sobre su falda supo sentirse como en casa. Su voz transformaba a miles de destellos que salpicaban el cielo oscuro en hermosas estrellas y para el, ese era el milagro.
El sabía que algún día llegaría. El lo sabía. Solo había que determinar una sola cosa. ¿Cuando? Y cuando quiso responderse, ella, ya había llegado.

19-06-2009. Buenos Aires





martes, 19 de mayo de 2009

Letra de Estoy aqui


Otra letra de una canción de la banda Es lo que hay


ESTOY AQUI

Estoy aqui, sentado sin poder hablar
tus ojos sin querer, me llevan a otro lugar
¿Cuantos dias mas tndre que esperar?
Se como partir, no se bien como llegar
Quisiera encontrar
Y alli, descansar.

No se si es un error, o un acierto de mi
amarte cuando no estas y odiarte cuando te vas
cuantos dias mas tendre que pasar
Porque para hacerlo bien, diez veces hay que hacerlo mal
Quisiera llegar
Y alli, descansar

Letra y Musica: Pablo Latorre

www.myspace.com/musicaesloquehay

lunes, 18 de mayo de 2009

Puertas

Una puerta que se cierra y otras que se abren. Siempre fue así. Porque para dejar que la puerta se cierre, simplemente hay que tener ganas de salir. ¿Cuantas veces me he quedado encerrado afuera? Miles y sin embargo acá estoy, en presencia de otras puertas que se han abierto y de otras que he dejado quedado entornadas. Entornadas a propósito, porque todavía hay cosas que me interesan y no quiero perder. Están allí a resguardo de todo lo que podría dañarlas, del tiempo, de la gente mala que no descansa, de la vida misma. Porque las cosas no envejecen, al igual que los recuerdos.
Las puertas sirven para separar un ambiente de otro y en mi caso también sirven para dejar algo a oscuras, algo que ya dejo de existir, pero que siempre estará. Ahora estoy por abrir una puerta que hace mucho tiempo se había cerrado y que creía olvidada. Extrañamente la había empujado insistentemente y siempre estaba cerrada. Pero vaya a saber porque motivo, que cálculos del destino lograron que esta vez solo tuviera que empujarla levemente para poder abrirla de par en par, así sin mas. ¿Porque logre abrirla ahora? No lo se. Pero se que estoy dispuesto a entrar, aunque este oscuro, aunque no sepa que hay dentro. Se que la luz aparecerá, porque los ojos como tantas otras veces, se acostumbraran a la oscuridad. Y serán ellos mismos los que esta vez miraran mirando.
Ya estoy dentro. La luz afuera es cada vez menor. Colores grises aparecen ante mi confundiendo las texturas de tal manera que ya no distingo cual es cual. Ya estoy aquí. Ahora solo me queda esperar.
Pablo Latorre. 18-05-2009. Buenos Aires

viernes, 15 de mayo de 2009

Noches de bar

Y si... el destino es así, me dijo un amigo. A veces viene, a veces se va, y cuando tiene ganas, te deja tirado sin ninguna señal. Pero cuando vuelve, preparate, porque todo lo que tenias pensado te lo cambia en un abrir y cerrar de ojos. ¿Pero como? ¿Cuando vuelve? ¿Cuando se fue? le pregunte yo. Y si... la cosa es así, me respondió, un día crees que las cosas están bien, que nadie las va a cambiar, tus horarios, tus dias, tus proyectos, pero cuando te acostumbraste a tu nuevo ritmo de vida, de pronto aparece de la nada y te lo cambia todo. Jodido el destino eh, jodido. Raro, porque es masculino, si fuera ¨la destino¨ te lo aceptaría hasta casi resignado, pero el destino es masculino y esto entre hombres no se hace. Se dió media vuelta y llamó al mozo. ¿Una copa mas de vino puede ser? ¿Entre hombres? Pensé, y si, esta bien, el destino es hombre, la muerte es mujer. ¿Pero que estoy pensando? Pensaba, ya estoy casi al borde de la locura, como mi amigo, y sin darme cuenta el me observaba como hablaba solo. ¿Quien estaba mas loco ahora? Volví a pensar. Sin ninguna duda, yo, me contestó. Y rápidamente caí en la cuenta de que su teoría era verdad. Porque hace dos meses estaba tranquilo y de pronto, todo mi mundo había cambiado. El destino se había ido, pensé, pero ¿adonde?. A buscar nuevas cosas para vos, me contestó. Acá tiene su copa de vino. El señor va a tomar algo mas, me preguntó el mozo casi retirándose. Si, otra copa igual, gracias. Se ve que mi amigo leía mis pensamientos a través de un sistema extraño. O lo que era mas probable era que yo este hablando en voz alta nuevamente. Mirálo de esta manera, me dijo, el destino puede cambiar, pero solo lo puede cambiar el destino mismo, vos no. Interesante, le conteste, me parece bien, no me gustaría tener semejante responsabilidad sobre mis actos, mira si me equivoco. No hay equivocación, el destino es simplemente eso, destino, no existen dos caminos como siempre nos hicieron creer, siempre hay uno solo, con curvas, subidas, bajadas, eso es verdad, pero siempre el camino es uno solo. Y al final del camino, siempre es la misma verdad. Y de pronto pensé en ella. En que ella era mi destino. No, me contesto el, casi gritandome, ella es solo un pasajero que recojes en tu trayecto, si llega al final mejor, y si no, seguirás, como siempre, solo, porque no se si te diste cuenta de que se nace y muere solo. A mi me gustaría que llegue al final conmigo. Bueno, eso no depende de vos, me contestó. ¿Y de quien depende entonces? Dejó su copa de vino y me dijo seriamente: del destino. ¿Que parte de esta conversación no entendiste?

Pablo Latorre 15-05-2009 - Buenos Aires

miércoles, 13 de mayo de 2009

Letra de la canción DUERME

Canción dedicada a los chicos de Cromagñon

DUERME

Duerme, esta noche
dejaste tu sombra aquí
clavada en mi, pena
Sigue y ni mires hacia tras
sabio es el destino en verte llegar
llegar...

Duerme, esta noche
dejaste tu sombra aquí
clavada en mi, pena
Nace un nuevo dia para ti
corres para estar parado aqui, en mi

en mi...

Letra y Musica: Pablo Latorre
Banda: Es lo que hay

Para escuchar la cancion: www.myspace.com/musicaesloquehay

Pablo Latorre 13-05-2009 - Buenos Aires

martes, 12 de mayo de 2009

Y un día...

Y un día, casi sin querer, logro despertar.
Milagro matinal. Un segundo de duda, como siempre. Un segundo de duda donde el tiempo logró detenerse para que las ideas volvieran a gobernarlo. Miedo a no ver, como siempre. Porque ya no tenia ganas de perder la esperanza de aquella sensación de libertad, de aquella sensación con la que tanto había soñado y nunca había encontrado. Miedo de arriesgarlo todo por el simple capricho de la duda. Miedo a dejar aquella esperanza en manos de la realidad y que la destroze en cuestión de segundos. Eso ya lo había visto.
Miedo. Como siempre. Pero algo extraño lo impulso a reaccionar. Algo extraño y sin lógica lo movilizo de tal manera, que desoyó todas sus estructuras viejas de educación recibida y se lanzó sin mas, como cuando uno se arroja al vacío sabiendo de las consecuencias del salto.
Lo primero que encontró en la caida, fue la linea horizontal indefinida que nos separa del sueño. Aquel momento difuso donde todo es igual y nadie es dueño de nadie. De pronto, siempre a medio ver, ya que su otro ojo seguía cerrado, notó que los aires frescos de la mañana, extrañamente habían cambiado. Que aquellas cosas que lo acechaban, sin explicación alguna, habían dejado de existir. Que los miedos que lo acompañaron durante toda su vida, se habían desvanecido y que aquella oscuridad que lo había mantenido ciego durante tanto tiempo, había sido reemplazada por una luz tenue que lo obligaba a seguir todo a medio ver.
Un par de segundos bastaron para darse cuenta de que todo había cambiado. ¿Pero cuanto tiempo estuve durmiendo, pensó? ¿Las cosas no cambian porque si, algo las modifica, y yo no fuí?
Lentamente giro su cabeza y encontró la respuesta a solo dos centímetros suyo. Todos los miedos, todas las angustias y todas las preguntas sin sentido se habían desvanecido ante esos ojos marrones que lo miraban tiernamente y que le susurraron al oído: Buen día.

Buenos Aires 12-05-2009

jueves, 16 de abril de 2009

Silencio


El sin saberlo, se había enamorado de ella.
Ella sin saberlo, nunca supo que había alguien interesado.
El por momentos, la miraba y esperaba esa señal, ese segundo mágico y misterioso necesario para decirle las cosas y no hablar mas.
Ella sin saberlo, nunca supo que tenia que dar esa señal, por lo menos esa.
El hacia todo por ella.
Ella nunca supo que las cosas se hacían por ella.
El no sabia a ciencia cierta cuando convenía decir las cosas. Porque como en todas estas cuestiones, siempre se planteaban dos alternativas y lamentablemente en las dos, nunca saldría bien parado. Una aceptación lo condenaría a enamorarse perdídamente, con toda la dulce contradicción y el engaño encubierto de la felicidad que trae aparejado el amor. Y una negación, seria lo mas doloroso para que engañarnos, porque siempre la negativa en estas cuestiones, suelen dejar rastros, huellas, pequeños agujeros negros que desearíamos no volver a recorrer nunca.
Y entre las curvas con descensos de dulces condenas y las huellas del pasado que nos delatan, se planteaba la duda, la maldita e intensa duda que provoca que el tiempo se detenga y las agujas del reloj se olviden de nosotros para dejarnos aquí, en este mar sin agua, que nos ahoga igual aunque sepamos nadar.
El tema era entonces, cual de los dos dolores dolería menos.
El tiempo paso y las cosas nunca se dijeron. La vida continuó para ambos y las economías del mundo nunca dejaron de hundirse por culpa de este amor incomprendido.
Ella nunca supo, que había cosas que se ocultaban.
Y el por fin supo, que había un dolor mas intenso. Un dolor que nunca se iría y quedaría grabado en el medio de su frente para toda la vida: El dolor del silencio.

Pablo Latorre. San Marco Sierra, Córdoba. 11-04-2009



lunes, 26 de enero de 2009

El día que nadie fue a la cancha - Parte 2

La segunda fecha transcurrió igual, vacío total en todas las canchas. ¿Quién estaba detrás de todo esto? Porque miles de personas no se ponen de acuerdo así porque si, sin un líder o un grupo de gente que les diga que hacer. La cuestión estaba aparentemente organizada y no había ninguna cabeza visible en todo esto. Yo creo que lo que hay que hacer es suspender el fútbol por tiempo indeterminado, grito enfurecido un dirigente. Varios lo aplaudieron y otros que no estaban de acuerdo comenzaron a gritar al mismo tiempo. La reunión había comenzado a las 10 de la noche, eran las dos de la mañana y nadie se había puesto de acuerdo. Es lo mejor, para que aprendan y se dejen de joder, decía otro dirigente que estaba en la punta de la gran mesa, ya van a ver cuando estén aburridos y no tengan nada que hacer, ahora se hacen los cancheros, salen a dar vueltas por ahí, pero cuando estén podridos de sus mujeres van pedir a gritos que vuelva el fútbol. Otros decían que lo mejor era que por el resto del campeonato las entradas fueran gratuitas, cosa que no le causo gracia a nadie. Juguemos igual, como si nada pasara, lo que quieren es esto, que no nos pongamos de acuerdo, pero no lo van a lograr. No estoy de acuerdo, grito otro dirigente. ¡Ve, eso es lo que quieren! ¡Se lo dije! Cállese y déjeme hablar, le repito, no estoy de acuerdo, lo que yo creo que hay que hacer es parar el fútbol y dedicarnos a otros deportes, como por ejemplo el básquet, el voley, la gente de esos deportes nos van apoyar. ¡Y que hago con todos los jugadores que tengo en el club, los cuelgo de las bolas y los pongo en las vitrinas!, decía el tesorero de otro club totalmente desencajado, los números no me cierran por ningún lado, hago malabares en los balances y lo peor de todo es que nadie en el exterior quiere comprar a nuestros jugadores. Nuestro fútbol en el mundo esta desvalorizado. ¡De hecho en la liga portuguesa varios hinchas comenzaron a tomar la misma medida y los clubes están horrorizados, no nos pueden ni ver, ni los mail me contestan! ¡Además quiere que le diga una cosa, lo que dice es absurdo, si usted pretende que el numero cinco de mi equipo lo haga entrenar todo el día con una pelotita para ver si le emboca al aro, perdóneme, pero honestamente no se como carajo hizo usted para ser presidente de su club! A punto de irse a las manos, la cosa se había desvirtuado, volaban por el aire tazas de café y carpetas repletas de papeles, agrediendo a cualquier persona que tuviera ganas de hablar. En la reunión también había empresarios, periodistas y hasta un par de senadores y diputados que por pedido de sus altos gerentes políticos, querían interiorizarse de la situación. La cuestión era que para esta altura de la noche, nadie estaba de acuerdo. ¡Vengan con una solución, gritó de pronto el gran jefe, por lo menos con una, con una sola me conformo, ahora váyanse a gritar a otro lado, me tienen harto, me duele la cabeza y quiero descansar un rato! Esa mañana los medios de comunicación reflejaron con lujo de detalle los temas tocados en la reunión, lo que causo gran indignación entre la clase dirigencial. ¿Quién carajo publico esto? Preguntaban los dirigentes a sus respectivos empleados. Los periodistas que estaban en la reunión señor. ¿Había periodistas? ¿Cuándo llegaron a la reunion? Estuvieron desde el comienzo señor. ¿Y como no los vi? ¿Por qué carajo no me avisaron? Eso no lo se señor, usted estaba mas ocupado cagando a trompadas a otros dirigentes señor. La ventas habían caído más del 70 por ciento y los canales de televisión habían bajado considerablemente sus puntos de raiting. Varias empresas amenazaban con dejar los espacios de publicidad y los clubes estaban al borde de la quiebra. La solución no esta a la vista de nadie, decían los diarios en sus primeras planas. Esa mismo día, el gran jefe recibió una llamada. ¿Hola? Escúcheme una cosa, tengo muchos quilombos y honestamente no que que carajo pasa, pero le advierto que las cosas se están poniendo densas. Todos los ojos se enfocan acá y no tengo ni tiempo ni ganas de resolver nada. Necesito que haga funcionar la maquinaria de nuevo. Háganse cargo de esta situación, sino las cosas van a empeorar. ¿Me entendió? De pronto el ruido de ocupado estaba del otro lado de la línea. El gran jefe colgó lentamente el tubo y se sentó a mirar a través su ventana de que daba al río. El gran jefe había recibido la llamada del presidente de la nación. La cosa ya era cuestión de estado y se aproximaba el domingo sin ninguna solución… (Continuará)

Pablo Latorre 26-01-2009


martes, 20 de enero de 2009

Gente rara


El edificio tenía 63 pisos. Alrededor de 300 compartimentos por piso con 2 personas por computadora. Se calculaba que había unas 15.000 computadoras en todo el establecimiento. Tenía 30 ascensores y más de 1500 guardias. La cantidad de empleados ascendía a 20.000, pero había un 1 solo jefe, que nadie conocía. Cada persona tenía un número asignado de entrada y el mismo numero interno de teléfono. Las llamadas se recibían así: Llamada del empleado 14.567 al número del empleado 4.765. Trabajaban 9 horas por día con 1 hora de almuerzo y el sueldo promedio de los era de 2.500 pesos. El edificio abarcaba 4 cuadras y llegaban alrededor de 17 líneas de colectivos mas 2 líneas de subte. La gente en los pasillos se saludaba de tal manera: ¡Eh! Ahí viene el 4.532, ¡Como te va 7654 tanto tiempo! Obviamente la empresa se dedicaba a los números: números de resúmenes, números de cuentas, número de balance y números que nadie conocía. Hasta que un día, el 23 de noviembre a las 10 de la mañana, el empleado 7598 se cruzó con un viejo conocido, el 4563 del piso 9 y le dijo: ¡Eh! Pablo ¿Cómo estas? De pronto la música ambiental que sonaba en los 9 pasillos se corto. Comenzaron a sonar 9 sirenas y 18 agentes de seguridad subieron hasta donde se había producido el desajuste. Los 2367 empleados del piso que habían asistido ese día, se quedaron quietos, contra la pared. A los 3 días del incidente llego 1 boletín oficial que informaba que el empleado 7598 había enloquecido. Los casi 19.999 empleados le dieron la razón a la compañia.

Pablo Latorre 20-01-2009



domingo, 18 de enero de 2009

Pequeños destinos

Salió a caminar un rato. Tenía ganas de respirar un poco del aire puro que le brindaba su campo y que hacía mucho tiempo que no visitaba. Comenzó a caminar hasta perderse en la inmensidad de sus tierras, cuando de pronto tuvo ganas de sentarse a descansar bajo uno de los tantos árboles que decoraban el paisaje. El sol estaba cayendo, cuando vio al costado de sus tierras, sobre la parte trasera detrás del alambrado, una pequeña ruta. Nunca la había visto antes. Lo mas extraño era que esa ruta tenia camino de asfalto y era exactamente del largo del campo. Pero si este lugar esta entre campos, pensó, como puede ser que esta ruta este ubicada aquí. Incluso vio que estaba señalizada con un cartel verde que decía: Al cielo 134 km. Al infierno 86 km. A Buenos Aires 34 km. Mar de Ajo 345 km. Perplejo miraba el cartel sin entender absolutamente nada. Primero no lograba decodificar como una ruta asfaltada estaba detrás de su campo, sin haberlo notado nunca. Segundo como era posible que esta ruta, este ubicada entre estos campos y tercero: ¿Quién puso este cartel? ¿Cuál era su finalidad? Y cuarto, cielo, infierno ¿Qué esta señalizando este cartel? Así que medio enfurecido y medio sorprendido, decidió sentarse al costado del camino a esperar que algún vehiculo circule por allí para despejar sus dudas. Debe de ser una broma de los vecinos pensó. O algo que quedó de algún festejo de carnaval. Hasta que cayó la noche. El cielo estaba totalmente estrellado hasta que de pronto, un coro de grillos inundando el lugar. Habrá pasado unas dos horas aproximadamente cuando desde la derecha unas luces comenzaron a iluminar la ruta. Parecían los focos de un automóvil que venía a una velocidad relativamente alta. A medida que iban acercándose las luces, el vehículo fue disminuyendo su velocidad hasta parar a pocos metros de él. De pronto, un señor bajó la ventanilla y muy amablemente le preguntó: ¿Perdón señor, buenas noches, el cielo, sabe donde queda? Nuestro amigo lo miró durante unos segundos sin entender mientras pensaba: ¿De donde habrá venido este auto? ¿Cómo llegó hasta aquí? El señor al ver que no había respuesta volvió a preguntar: ¿Perdón que lo moleste, el cielo, sabe donde queda? Y recordando aquel cartel verde que había visto a la tarde le contestó: A 134 km. Gracias, contesto el hombre del auto. Subió la ventanilla y arrancó a gran velocidad hasta perderse de manera inexplicable al final de la ruta. Es imposible pensó. Allí no hay curvas, ni arbustos que me impidan verlo. ¿Cómo desapareció? Corrió hasta donde supuestamente el auto había desaparecido y efectivamente el auto ya no estaba. Le llamo la atención que donde se había producido la desaparición, el asfalto se acababa y comenzaba el alambrado del otro campo. ¿Y el auto donde fue? Miró a todos lados sin encontrar respuestas cuando otro automóvil apareció del otro extremo de la ruta. Casi llegando al final del asfalto, frenó violentamente. El se había quedado ahí a propósito para ver qué pasaba después de esta división. ¿A donde se dirigían los autos? Una señora bajó la ventanilla y le preguntó. ¿Perdón, el infierno, sabe donde queda? Esta vez sin tanta sorpresa por la pregunta, nuestro amigo le contesto: 86 km. Gracias. La señora dio media vuelta y acelero hasta desaparecer del otro lado de la ruta. Preso de la duda y la desesperación de no entender que estaba ocurriendo, decidió sentarse al costado del camino para ver el espectáculo de autos que pasaban por allí. Durante toda la noche pasaron miles de autos, caras felices, caras tristes, niños, animales, abuelos, grupos de gente, camiones, colectivos, micros y allí pudo comprender. Alrededor de las seis de la mañana el cielo ya estaba aclarando y un nuevo día se aproximaba. Ya había visto demasiado, asi que camino unos pasos para volver a si casa, cuando de repente un auto frenó a su derecha. Pudo observar a través de las ventanillas cerradas dos mujeres y dos hombres discutiendo con caras tristes, buscando a través de un mapa algún lugar que aparentemente no encontraban. El ya había entendido todo. La tristeza de partir y de sentirse perdido dejando familia, amigos, lugares, trabajo, momentos, todo para darle fin a la vida a través de esta pequeña ruta. El se acerco amablemente sabiendo el triste desenlace de estas personas, porque tanto el cielo como el infierno son motivo de tristeza. Les golpeo la ventanilla y el hombre que estaba al volante, con el mapa sobre su mano derecha, bajo lentamente el vidrio. El al ver sus caras de angustia casi con un dejo de ternura les preguntó: ¿Al cielo o al infierno se dirigen? Las personas lo miraron y le respondieron: Vamos a Buenos Aires, se nos acabaron las vacaciones ¿Sabe como volver?

Pablo Latorre 16-01-2008

sábado, 17 de enero de 2009

El día que nadie fue a la cancha - Parte 1

Y llegó el domingo. Todos en el estadio estaban listos para recibir a la gran cantidad de gente que hoy vendría. Era un día hermoso soleado y como marchaba el equipo primero en el torneo, lo más probable era que el estadio estuviera repleto. La gente en las boleterías, los acomodadores en la cancha, los agentes de seguridad, periodistas, móviles, tenían todo listo para comenzar un domingo a puro fútbol. Casi siempre la actividad comenzaba a las dos de la tarde, cuando los primeros y más ansiosos hinchas iban llegando con sus respectivas familias dispuestos a encontrar mejores ubicaciones. Pero, la primera novedad del día, fue que a las dos de la tarde, no apareció nadie. Obviamente ninguno de los que estaba allí tomo esto como algo anormal, a veces la gente llega temprano, otros días llegan más tarde, se pensó. A las dos y media de la tarde el vacío en las calles era total. Los empleados del club sorprendidos, llamaban por teléfonos internos a otras secciones para verificar si realmente lo que estaban viendo por las cámaras de seguridad era cierto. La respuesta siempre era la misma: Todavía no había ido nadie. Se verificó que los accesos al estadio estuvieran en orden y que los transportes circularan con normalidad. El reloj marcó las tres de la tarde y las calles estaban desiertas. Los vendedores de choripan miraban hacia los costados, como buscando una respuesta. Los jugadores que estaban concentrados miraban sorprendidos desde el hall del hotel la televisación, que mostraba como un periodista recorría las calles vacías. Los dirigentes que estaban allí, llamaban al club preguntando qué hacer. ¿Vamos o no vamos? La cosa se puso seria cuando comenzaron a llamarse entre todos los clubes. Todos coincidían en lo mismo: No había ido nadie. Los dirigentes más altos de la organización de campeonatos comenzaron a preguntarse qué hacer. Reuniones de urgencia en las oficinas más próximas, llamadas telefónicas, preguntando: ¿Se juega o no se juega la fecha? La respuesta del Gran Jefe fue tajante: se juega igual. ¿Y los costos? preguntaban los dirigentes asustados, eso después se verá, respondió el presidente. Los jugadores salieron hacia los estadios y a eso de las cinco de la tarde el panorama era aterrador. No había nadie. La televisación se realizó igual, los partidos se jugaron como si nada hubiera pasado y el tétrico domingo por fin había concluido. Los medios no tardaron en reflejar lo sucedido y durante todo el día lunes se publicaron fotos de los estadios y de las calles desiertas con declaraciones de muchos de los jugadores que no entendían absolutamente nada y dirigentes indignados por las perdidas obtenidas. Pero lo más llamativo fue que durante todo ese lunes nadie llamó a los programas de radio y televisión que se especializaban en fútbol y tampoco nadie había comprado los diarios deportivos. El día martes hubo una reunión declarada de urgencia de todos los clubes de primera, para ponerse de acuerdo y ver qué pasos a seguir con respecto al domingo próximo. (Continuará)...

Pablo Latorre 17-01-2009

jueves, 15 de enero de 2009

Génesis inversa


Miró al cielo y pudo sentir por única vez esa terrible sensación. Como ese momento del ojo de la tormenta que antepone un segundo de paz y después ya nada queda. Aquella mancha del horizonte que hacía solo unos instantes estaba lejana, ya esta aquí. Un zumbido y de pronto la nada misma. Pasa y arrasa con todo lo que ve a su alrededor. Ciudades enteras, construcciones inmortales y animales de cualquier raza sucumben ante su efecto. No deja rastro de mares y tierra, provocando terribles remolinos destructores donde ya no se distingue cual es cual. Y después otro remolino y después otro remolino, como verificando de que nada quede en pie. El cielo oscurece, ya el sol se ha retirado. Los vientos encontrados arrastran por delante algunos objetos, por capricho, mostrando el miedo a los que todavía no han sido victimas. Esta plaga tuvo origen hace mucho tiempo y por esas cosas raras del destino, tomó vida propia hasta convertirse en lo que es hoy día, una maquina de destruir. Estas son las últimas líneas del cuento, lo sé. Allá a lo lejos la veo venir. Lo que siempre pensé que nunca encontraría, finalmente me ha encontrado. Aquella mancha del horizonte que hace solo unos instantes estaba lejana, ya esta aquí. Un zumbido y de pronto vendrá la nada misma. Una pena. Podría haber sido mejor. Una lastima que la plaga que hoy nos aniquila seamos nosotros mismos.

Pablo Latorre 15-01-2008

MInuto cero

La ventana de su oficina daba a la gran avenida. Desde su noveno piso podía observar cualquier movimiento de la ciudad. Autos, colectivos, taxis, transeúntes, todo desfilaba ante su vista ciega. Porque cuando uno esta en la ventana de cualquier oficina y busca un poco de aire visual ante tanta rutina, uno mira sin mirar, reposando la vista sobre algo que no nos interesa. A lo lejos, el río gris y el cielo casi celeste logran fundirse sobre la línea de horizonte, que a veces es cubierta por el humo de aquella fábrica. Aviones que pasan por encima, subtes que pasaban por debajo. Gente y más gente. Los únicos testigos casi mudos de tal paisaje son los árboles, que con la experiencia de los años vividos ven como todo cambia, como todo se mueve hacia algún lugar que nadie sabe. Y de pronto tuvo una loca idea. Se causó gracia a si mismo pensando en que pasaría si uno durante un minuto pudiera parar al tiempo. De que todo a su alrededor se congelara solo por un minuto. Este pensamiento estaba dentro de la categoría de: cómo me gustaría ganar la lotería, como me gustaría no trabajar y tantas otras cosas que uno piensa y que sabe que nunca se harán realidad. Así que sin demasiadas preocupaciones se recostó sobre su respaldo de cuero y cerro sus cansados ojos. Agradable sorpresa fue la que se llevo, cuando tuvo que abrirlos por culpa del silencio. Lentamente abrió un ojo y pudo ver que todo estaba quieto. La gente, los autos, todo. Incluso su insoportable compañera de oficina que no paraba de hablar por teléfono con su hermana, milagrosamente se había callado. Paso el minuto y todo comenzó a funcionar normalmente. Gente, ruido, movimiento, el teléfono, la hermana, aviones y humo. Sin comprender lo sucedido y casi sin pensarlo, cerró sus ojos nuevamente y tuvo el mismo pensamiento. Y otra vez el silencio se adueño del lugar. Silencio sagrado, pensó. Transcurrido el minuto todo retomó su curso. Ya con un poco más de experiencia, esta vez se acomodo en su silla y cerró sus ojos. Esta vez pidió lo mismo, pero por el lapso de media hora, total si había que pedir, había que pedir bien. Y así fue. Silencio y otra vez todo quieto. Sin dudarlo, bajo las escaleras corriendo, se desabrochó su corbata y camino por las calles congeladas. Corrió, grito, salto, camino e incluso tuvo tiempo de recostarse sobre la pequeña plazoleta que veía siempre desde su ventana. Su reloj se había quedado quieto también, así que tuvo que calcular el tiempo a ojo. Medio apurado, con poco tiempo, valga la redundancia, a lo único que atino fue a pasar por el kiosco y tomar alguna golosina prestada, mientras se burlaba del kiosquero que había quedado petrificado en una posición muy graciosa. Subió las escaleras y volvió a su ventana. De pronto todo comenzó a funcionar, gente, ruido, movimiento, el teléfono, la hermana, aviones y humo. Y así transcurrió el resto día, trabajando como siempre. Miró su reloj y este le daba la agradable noticia: el día laboral había terminado. Respiro hondo. Un día menos, dijo en voz baja. Se levanto y cuando quiso tomar su saco, de pronto y sin saber porque, se quedo quieto, paralizado. Su mirada estaba estancada sobre la tela gris del saco. Su cuerpo no le respondía. Tenia la vista fija en la tela gris sin ni siquiera poder mover un ojo. Serán los efectos colaterales de los deseos pasados, pensó. ¿Cuánto durara? Hasta que sintió que algo se movía. Con su vista fija en el saco, pero a través de su vista periférica pudo sentir como la loca del teléfono saltaba de alegría. Aparentemente a ella también se le había cumplido su deseo. Me alegro por ella, pensó. Hasta que un terrible pensamiento se apodero de el. ¿Por cuánto tiempo lo habrá pedido?

Pablo Latorre 15-01-2008


miércoles, 14 de enero de 2009

La misma orilla

El decía que a las cinco estaba bien. Y ella, como siempre, llegaría media hora mas tarde. El salió de su casa y tuvo suerte de encontrar el colectivo sin esperar en la parada. Ella, como estaba mas cerca, fue caminando. El durante el viaje pensaba y recordaba viejos momentos que lo hacían reír, pequeñas burbujas de tiempo que lo salvaban de todo mal. Ella miraba a través de las vidrieras, pero sin detenerse, como si el consumismo pasara a segundo plano. El observaba la gente correr, saliendo de la playa con todos sus objetos a medio cerrar. Ella sintió una cálida brisa, preludio de tormenta. Faltando dos cuadras el se bajó y prefirió llegar caminando, todos volvían, el iba. Ella comenzó a caminar más lento para seguir con su ritual de la tardanza y se encontró con la playa semidesierta. El llego a la orilla y pudo ver en el horizonte algunas nubes grises que amenazaban al sol. Ella se paro de frente al mar y mojo sus manos en el agua mientras miraba a su derecha. El bajo la vista unos segundos y giro la vista a su izquierda. El la imagino y ella quiso jugar con que el estaba allí. Una orilla. El mismo mar. Solo que el estaba en Mar del Plata y ella en Necochea. El destino lo quiso así. Una orilla, el mismo mar y nunca sabrán que uno espera en vano por el otro.

Pablo Latorre 08-01-2009


Piso seis


Arquitecto desde que tenía uso de razón, quiso trascender en la historia del arte contemporáneo inventando algo que jamás se había visto. Construir un edificio de catorce pisos, pero sin el sexto piso. Bueno, eso es fácil dijeron sus colegas, haga como aquellos edificios que no tienen piso trece. Uno lo construye y luego los enumera sin tener en cuenta el piso que desea sacar. En el ascensor se podrá ver los siguiente: Cuatro, cinco, siete y así sucesivamente hasta el pisos que usted quiera. Así es fácil, contesto él, lo que yo quiero es hacer en la misma construcción un gran agujero y que la parte de arriba con la de abajo no tengan conexión. Solo el agujero. Claro esta bien, pero por lo menos la estructura de arriba estará sostenida por columnas a su costado ¿no? Así también es fácil, contestó él, nuevamente, lo que yo digo, es que el hueco abarque todo, o sea, que el verdadero sexto piso no exista. ¿Y como va a sostener los pisos siguientes? Le preguntaban un poco alterados ya sus colegas. Con la imaginación. Si, pero con la imaginación no sostenemos nada. La imaginación se usa para crear, una vez que las cosas están creadas la imaginación queda a un lado y se construye sobre cosas concretas. Un edificio es concreto, dijo de repente un arquitecto cansado ya de escuchar las ideas de nuestro amigo. Usted se equivoca, le respondió, el piso seis, como los demás pisos pueden dejar de existir, si usted quisiera, seria como un edificio a la medida de cada día. De pronto se produjo un silencio que daba miedo. ¿Cómo a la medida de cada día? atino a decir un arquitecto. Claro, si un día el edificio tiene que albergar cien personas, será para cien personas, si otro día el edificio espera por mil personas será para mil personas. ¿Y como seria, se agranda, se achica? Eso no lo se. ¿Y para que el agujero en el piso seis entonces, si puede saberse? Porque me gustan los edificios sin piso seis. Sonó el reloj. Se hicieron la dos de la tarde. Todos los arquitectos dejaron el recinto y se fueron a la sala contigua para deliberar y ver adonde llegaba todo esto. Pasadas las cuatro, dos representantes de la junta de arquitectos le dieron la gran noticia: Lo felicito, usted tiene todos los fondos necesarios para llevar a cabo su proyecto. Le entregaron un papel que decía: 0 dólares, use la imaginación. Y él contento con los fondos obtenidos, se quitó el chaleco de fuerza y comenzó a construir en el jardín trasero.

Pablo Latorre 09-01-2009



Cielo Fallado

Pateo la pelota tan alto, pero tan alto, que en su caída se trajo algo parecido a un tacho de luz. Si, como en aquella película, donde todo era una show, y de pronto cayó un tacho de luz desde el cielo, bueno, igualito. La pelota venia complicada y sin dudar la pateó lejos. Fuerza siempre tuvo en su pierna derecha, pero nunca creyó que tenía tanta. Todos en la cancha quedaron atónitos al ver como la pelota blanca se alejaba hasta convertirse en un punto negro casi invisible y perderse en el cielo celeste. La fuerza de la gravedad hizo el resto y con la pelota, como ya dijimos, vino el objeto. Primero cayó el tacho y de casualidad no le pegó a nadie. Pararon el partido y todos se quedaron atónitos en la mitad de la cancha, preguntándose de donde había venido aquel artefacto. De pronto cayó la pelota y le pego en la cabeza a uno de los jugadores, lo que causo la risa general. Uno de los jugadores haciéndose visera con las manos, noto algo distinto en el cielo. En todo el paño celeste, había un cuadradito negro. Como si la parte de una pantalla no funcionara, bueno, así estaba el cielo. Los demás también levantaron la vista y vieron el mismo recuadro negro. Caía la tarde y a medida que el cielo tomaba color anaranjado, el recuadro seguía negro. Rompiste una parte del cielo, decían algunos. Otros decían que era imposible romper el cielo de un pelotazo. Cayó la noche y el recuadro negro se ocultó en el cielo del mismo color. Acamparon allí y esperaron hasta el amanecer, para verificar el daño ocasionado. Y efectivamente, el recuadro negro del cielo roto seguía allí. Hasta que uno dijo, rompe paga. Y el pensó, habrá que saldar cuentas con Dios entonces.

Pablo Latorre 14-01-2008



Una triste noticia


Sonó el teléfono. Atendió apurado. A medida que iba escuchando se fue sentando donde pudo. De un hola que tal feliz, hasta un adiós imperceptible. La peor noticia había llegado. Se tomó unos minutos para pensar y ver que pasos seguir. ¿Que hago? ¿Lo llamo para decirle? Marcó el número y antes de terminarlo decidió colgar. No podía hacerlo. ¿Porqué yo? Miró por la ventana y maldijo. Pero pensandolo bien, mejor era correr el riesgo de avisarle antes de que no sepa o se entere por otros medios. En su lugar me gustaría que me avisen. Porque las malas noticias cuando llegan tarde, rebotan más y entre el asombro y la angustia las cosas tardan en digerirse. Sonó el teléfono. ¿Hola? alcanzo a decir. Se calmó al escuchar otra voz que le daba la misma noticia. ¿Lo llamaste? Yo no. ¿Vos? Yo tampoco se escucho del otro lado de la línea. Y de pronto, lo que no quería escuchar, se hizo realidad. Tendrías que llamarlo vos, creo que corresponde. Si, ya sé y colgó de manera abrupta. Miro fijo al teléfono, tomo coraje y comenzó a discar. Ojala que de ocupado, asi por lo menos la intención estuvo, yo llame, ahora si esta hablando con otra persona, yo no tengo la culpa. Y el sonido de estar llamando se adueño de su oído. ¿Hola? Dijeron del otro lado. Hola, como te va. ¿Qué haces che? ¿Qué pasa? Tengo que decirte algo. Si, decime. Y la peor noticia llego por el tubo sin interrupciones. Silencio. ¿Y como fue? Pregunto resignado. No tengo idea, recién me acaban de avisar. Silencio otra vez. Solo se escuchó un ruido fuerte como si hubiera tirado el aparato sobre la base del mismo. Respiró hondo y se sento nuevamente. El día ya no seria el mismo. El sonido de ocupado seguía en la línea. Colgó mientras miraba por la ventana como llovía torrencialmente. Lamentaba este maldito día. Y lamentaba tener que haber sido él, que diera tan triste noticia. Se había suspendido el partido y todo por culpa de esta maldita lluvia que no paraba.

Pablo Latorre 13-01-2009


Sueño cumplido


Y de pronto supo que iba a ser así. Llego a la temprana edad de los 40 años y comenzó a quejarse, a quejarse sin sentido. Porque una vez que uno llega a la cima, habrá que ir descendiendo lentamente, decía. Pero jamás imagino que sería así. Al siguiente año, en vez de festejar sus gloriosos 41, soplo 39 velitas. Ese día se le había concedido aquel deseo que tanto había pedido. Cansado de trabajar y trabajar, y nunca tener tiempo para sus cosas, pidió entre gritos al cielo volver el tiempo a atrás. Y su deseo, sin ningún motivo, se cumplió.
Al siguiente año festejo sus 38. Estaba feliz, había vuelto a vivir. Esta vez las cosas no se me iban a escapar. Todo lo que no pude hacer, todo lo que alguna vez quise, esta vez podré tenerlas, pero con las experiencia de las cosas vividas, pensaba. Hasta que una fría noche de invierno, mientras dormía, un sueño le develo el misterio. Despertó violentamente y supo enseguida las cosas terribles que le estaban por venir. Porque si en la vida, uno nunca sabe cuando acabaran las cosas, él ya lo sabia de antemano. Su apariencia en vez de envejecer, se rejuveneció. Cumplidos sus 30, encontró en el espejo aquel rostro que solo existía en viejas fotos olvidadas. Llego a los 20 perdiendo todas sus mañas y experiencia. Incluso comenzó a tener miedos adolescentes que ya había olvidado. De pronto se vio imposibilitado de manejar y de valerse por si mismo. Llego a los cuatro años, y muchas cosas las había olvidado, a duras penas recordaba calles y nombres. Pero esta vez no había padres para contenerlo. Hasta que llegó al primer año, solo, sin saber hablar, solo gateando y balbuceando sonidos que nadie lograba entender. Y ese día, el de su nacimiento, se fue, haciendo realidad aquel sueño que tanto quería hacía ya cuarenta años-

Pablo Latorre 12-01-2009

lunes, 12 de enero de 2009

Techo sin techo


El vivía en el techo, no era un indigente. Tenía su casa, su auto, su trabajo, una vida normal. Pero le gustaba estar la mayoría del tiempo en el techo. ¿Por qué? Mucha explicación no le encontraba. Decía frases como: Quiero estar mas cerca del cielo, desde arriba las cosas se ven mejor que desde adentro y varias frases trilladas que repetía y repetía cada vez que alguien le preguntaba porque vivía ahí arriba.
Varias veces trato de contar las estrellas, pero el sueño se lo impedía. Al día siguiente volvía a su casa con la esperanza de seguir con el conteo lo cual era imposible. Las de la derecha ya las conté y ahora resulta que las de la derecha están en la izquierda, así no se puede, repetía para si mismo. El decía que las estrellas se movían. Obviamente nadie le creía. Incluso su mejor amiga, que no se cansaba de darle explicaciones científicas tales como: Las constelaciones son siempre las mismas, la osa mayor, las tres marías, la estrella del sur, solo se puede modificar su ubicación por el movimiento de la tierra, pero las constelaciones son siempre las mismas. Estas explicaciones a él mucho no lo convencían. El decía que las estrellas se movían. Incluso estas discusiones tardaban horas. Salían a comer, al cine o simplemente a caminar y la charla siempre terminaba igual. Ella se basaba en la ciencia y él en la fé, comentaban sus amigos, también testigos de insoportables trifulcas. Si Maradona se movía, como no se van a mover las estrellas más pequeñas. Estos comentarios a ella la ponían realmente nerviosa. No entendía la lógica entre los astros y Maradona, cosa que el asociaba de inmediato. Es mas, él decía casi al borde del enojo, que una noche vio a las tres marías moverse hacia otros lugares y que una solo volvió como a la media hora, la bautice la María sin sus dos hermanas, dijo, a lo que ella, al escuchar esta explicación sin sentido se levantó de la mesa y lo dejó plantado.
Una noche, cansada ya de discutir, ella se trepó al techo de la casa de su amigo, se acostó a su lado y se puso a ver el cielo como el lo veía. La primer noche, nada, la segunda, menos, la tercera, nublado y así durante meses. Es hasta que entren en confianza, decía, y ella lo miraba casi al borde de la ternura.
Los días pasaban y las estrellas seguían intactas. Charlaban de cualquier cosa, pero siempre mirando al cielo. Hasta que una noche, de pronto una estrella se fugó velozmente. El pudo verla enseguida y ella le dijo que no inventara, que seguramente era una estrella fugaz, una de las tantas que hay en el cielo. Al los pocos minutos otra estrella mas se fugó, y otra y otra, y así comenzaron a irse de a tres, de a miles. Cuanta mas cantidad de estrellas se iban moviendo, ella ahora si podía verlas. Ante increíble paisaje el solo susurraba: El éxodo del cielo. Hasta que la ultima estrella se movió hacia la derecha y luego volvió arrepentida, como si respondiera a un llamado del otro lado, desapareciendo velozmente, dejando el cielo totalmente oscuro. El silencio inundo el lugar. Ya no se escuchaban los grillos, solo silencio y oscuridad. El la miro fijo y le dijo: Era solo cuestión de confianza y ella sin encontrar respuesta solo lo miró.

Pablo Latorre 07-01-2009



Autopista sin tunel


La ciudad suele tener caminos, que por más que uno haya vivido durante toda su vida en el mismo lugar, jamás recorrerá. Y si alguna vez alguien tiene la suerte y el tiempo de viajar a través de ella, podrá ver que incluso, hasta en su propia manzana existen zonas que uno jamás ha visto, gente con la que nunca habló e incluso negocios que nunca tuvo oportunidad de entrar. Un día ella tomó su auto y decidió recorrer la ciudad, sin rumbo, donde los semáforos y las curvas la lleven y la sorprendan. Y así fue, alrededor de las 9 de la mañana, sin mapas y sin alturas que observar, comenzó su viaje. Solo camino y suerte. Primero recorrió la parte céntrica, ya conocida, luego fue por algunos barrios menos transitados, hasta que de pronto y son darse cuenta se perdió en una localidad que estaba bastante alejada de donde ella vivía. Le sorprendió ver tantos árboles en su avenida principal. Nunca estuve aquí, ahora si este viaje tiene motivo, pensó. Las veredas eran de otro color, casi tirando al bordeaux. Los negocios no tenían rejas y las paredes eran de color celeste. La gente que habitualmente recorrían estas calles, en su mayoría estaban vestidos de blanco, cosa que le llamó la atención. Pudo ver que la gente sonreía, conversaba amablemente en sus puertas, como si los problemas económicos y personales, ese domingo no los afectara. Tendría que mudarme acá, siempre me gustaron los árboles y las veredas anchas, pensó. Frenó y anotó el nombre de una calle, donde había una casa muy bonita que decía que se alquilaba. Siguió su camino, cuando de pronto ante ella, apareció la entrada de una autopista. El cartel le daba la bienvenida correspondiente y el costo del peaje por el tamaño de su auto sería solo de dos pesos. Sin pensarlo demasiado, se detuvo frente a la cabina del peaje y una señorita muy bonita le entregó un ticket con el valor abonado de color tambien celeste. La barrera se levantó lentamente y puso su auto en marcha. Habrá recorrido unos cien metros aproximadamente cuando luego de una curva pronunciada vió que la autopista tenía una subida enorme. Tan grande era la subida, que el final de la misma se confundía con el solitario punto en fuga del cielo. En algún momento tendrá que bajar o sino iré hasta la luna. Se rió de su propio chiste y lamento no tener nadie al lado para compartirlo. Aceleró y comenzó a subir. Habrán pasado unos cinco minutos de subida empinada aproximadamente cuando su auto sin previo aviso se apagó. Un segundo y el pánico se adueño de ella. Rápidamente su cabeza trágica le hizo pensar lo peor y se vió cayendo tan velozmente como su pequeño viaje. Respiro profundo, obviamente sin soltar el freno y antes de que ejecutara cualquier acción, el auto se puso en marcha solo y prosiguió su camino. Se sintió un poco mareada y sin darse cuenta llevó las manos a su cabeza. Agradable sorpresa fue la que se llevó, cuando al darse cuenta de que si bien sus manos estaban sobre su nuca, el volante seguia manejando el auto, como si tuviera vida propia. Y de pronto se relajó. Miro a través de la ventanilla y le pareció entender algo que ni su propia razón entendia. Las nubes ya eran pequeñas gotas de algodón debajo de ella. Penso en sus padres. Se acomodo en el asiento y siguió su marcha, hasta el cielo mismo.

Pablo Latorre - 06-01-2009



Típico día de Verano

15 de Enero. 10 de la mañana. El se levantó y tomó un poco de café que había quedado del día anterior. Pequeñas ventajas de las vacaciones. Levantarse tarde, desayunar en la cama, sin apuros, sin depender del reloj que habitualmente manda. Escuchar los pájaros que cantaban al borde de la ventana. Raro, nunca hay pájaros en mi ventana, pensó. Se levantó y levemente asomó su cabeza. La calle estaba desierta, cosa que no le sorprendió, ya que el verano aquí en Buenos Aires suele ser así. Calles despobladas, escasos automóviles, poco ruido. La ciudad por este corto periodo es de uno, pensó nuevamente y volvió a su pequeño desayuno matinal. Se vistió con esa ropa que solo uno se pone en verano y salió a comprar un par de cosas que había anotado en una pequeña lista que tenia pegada en la heladera. Cerró la puerta y comenzó a caminar. De pronto, dejo de avanzar de manera automática y pudo ver que la calle estaba vacía. Había algunos autos estacionados, pero la calle estaba completamente vacía. Caminó una cuadra, dos y la calle seguía vacía. Una pequeña brisa revolvía algunos papeles de diarios tirados sobre la vereda. ¿Dónde esta la gente? Observo por la avenida y vió que no circulaba ningún auto, ningún colectivo, ningún taxi. Podían verse las avenidas y su punto de fuga allá a lo lejos, sin ser interferido por nada. Los negocios estaban cerrados y los semáforos funcionaban normalmente sin sentido alguno. Miró a su alrededor y solo lo envolvía el silencio. Dió uno, dos, tres gritos al cielo, pero nadie contestó, solo se escucho un pequeño eco allá a lo lejos. Volvió a su casa corriendo y prendió la televisión. Y rara fue su sorpresa cuando vió que había señal en todos los canales, pero los estudios de televisión estaban completamente desocupados. Incluso hasta los programas extranjeros habían quedado con su último subtítulo. Llamó por teléfono a sus padres y atendió el contestador. Llamó desde su celular a sus amigos y nadie contestaba. De pronto un sonido agudo rompió los vidrios de las ventanas y atravesó su cabeza. El sonido venia desde afuera. Era algo similar a una sirena, pero mucho más fuerte. Abrió la puerta como pudo, tapándose los oídos con sus dos manos y de pronto apareció frente a él un aparato gigante dorado con números en la frente. Lo observó durante unos segundos y de manera violenta una soga lo tomó del cuello y lo tiró de espaldas contra el piso. Cerró sus ojos y todo el cielo se volvió oscuro. Pasaron un par de minutos cuando decidió abrir un ojo. El sonido agudo seguía intacto, pero ahora sonaba de manera intermitente. Una línea delgada gris le dió la bienvenida. Con su mano derecha casi dormida tanteo el mueble y apagó el despertador. 15 de Enero. Eran las 10 de la mañana. Se dió media vuelta y puedo ver el techo blanco, sin sombras, solo con esas pequeñas manchas de humedad que ya conoce y que por pereza de pintarlas les busca formas distintas cada mañana. Otro día más. Otro día. Forma de avión tiene esta vez, y sonrió levemente. Cuando de pronto una sensación de vació lo levanto de la cama violentamente. Miró por la ventana y la calle estaba desierta. Un pájaro se poso sobre su ventana, raro, nunca hay pájaros en mi ventana, pensó y de pronto algo le pareció familiar.

Pablo Latorre 05-01-2009