viernes, 15 de mayo de 2009

Noches de bar

Y si... el destino es así, me dijo un amigo. A veces viene, a veces se va, y cuando tiene ganas, te deja tirado sin ninguna señal. Pero cuando vuelve, preparate, porque todo lo que tenias pensado te lo cambia en un abrir y cerrar de ojos. ¿Pero como? ¿Cuando vuelve? ¿Cuando se fue? le pregunte yo. Y si... la cosa es así, me respondió, un día crees que las cosas están bien, que nadie las va a cambiar, tus horarios, tus dias, tus proyectos, pero cuando te acostumbraste a tu nuevo ritmo de vida, de pronto aparece de la nada y te lo cambia todo. Jodido el destino eh, jodido. Raro, porque es masculino, si fuera ¨la destino¨ te lo aceptaría hasta casi resignado, pero el destino es masculino y esto entre hombres no se hace. Se dió media vuelta y llamó al mozo. ¿Una copa mas de vino puede ser? ¿Entre hombres? Pensé, y si, esta bien, el destino es hombre, la muerte es mujer. ¿Pero que estoy pensando? Pensaba, ya estoy casi al borde de la locura, como mi amigo, y sin darme cuenta el me observaba como hablaba solo. ¿Quien estaba mas loco ahora? Volví a pensar. Sin ninguna duda, yo, me contestó. Y rápidamente caí en la cuenta de que su teoría era verdad. Porque hace dos meses estaba tranquilo y de pronto, todo mi mundo había cambiado. El destino se había ido, pensé, pero ¿adonde?. A buscar nuevas cosas para vos, me contestó. Acá tiene su copa de vino. El señor va a tomar algo mas, me preguntó el mozo casi retirándose. Si, otra copa igual, gracias. Se ve que mi amigo leía mis pensamientos a través de un sistema extraño. O lo que era mas probable era que yo este hablando en voz alta nuevamente. Mirálo de esta manera, me dijo, el destino puede cambiar, pero solo lo puede cambiar el destino mismo, vos no. Interesante, le conteste, me parece bien, no me gustaría tener semejante responsabilidad sobre mis actos, mira si me equivoco. No hay equivocación, el destino es simplemente eso, destino, no existen dos caminos como siempre nos hicieron creer, siempre hay uno solo, con curvas, subidas, bajadas, eso es verdad, pero siempre el camino es uno solo. Y al final del camino, siempre es la misma verdad. Y de pronto pensé en ella. En que ella era mi destino. No, me contesto el, casi gritandome, ella es solo un pasajero que recojes en tu trayecto, si llega al final mejor, y si no, seguirás, como siempre, solo, porque no se si te diste cuenta de que se nace y muere solo. A mi me gustaría que llegue al final conmigo. Bueno, eso no depende de vos, me contestó. ¿Y de quien depende entonces? Dejó su copa de vino y me dijo seriamente: del destino. ¿Que parte de esta conversación no entendiste?

Pablo Latorre 15-05-2009 - Buenos Aires

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