lunes, 18 de mayo de 2009

Puertas

Una puerta que se cierra y otras que se abren. Siempre fue así. Porque para dejar que la puerta se cierre, simplemente hay que tener ganas de salir. ¿Cuantas veces me he quedado encerrado afuera? Miles y sin embargo acá estoy, en presencia de otras puertas que se han abierto y de otras que he dejado quedado entornadas. Entornadas a propósito, porque todavía hay cosas que me interesan y no quiero perder. Están allí a resguardo de todo lo que podría dañarlas, del tiempo, de la gente mala que no descansa, de la vida misma. Porque las cosas no envejecen, al igual que los recuerdos.
Las puertas sirven para separar un ambiente de otro y en mi caso también sirven para dejar algo a oscuras, algo que ya dejo de existir, pero que siempre estará. Ahora estoy por abrir una puerta que hace mucho tiempo se había cerrado y que creía olvidada. Extrañamente la había empujado insistentemente y siempre estaba cerrada. Pero vaya a saber porque motivo, que cálculos del destino lograron que esta vez solo tuviera que empujarla levemente para poder abrirla de par en par, así sin mas. ¿Porque logre abrirla ahora? No lo se. Pero se que estoy dispuesto a entrar, aunque este oscuro, aunque no sepa que hay dentro. Se que la luz aparecerá, porque los ojos como tantas otras veces, se acostumbraran a la oscuridad. Y serán ellos mismos los que esta vez miraran mirando.
Ya estoy dentro. La luz afuera es cada vez menor. Colores grises aparecen ante mi confundiendo las texturas de tal manera que ya no distingo cual es cual. Ya estoy aquí. Ahora solo me queda esperar.
Pablo Latorre. 18-05-2009. Buenos Aires

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