lunes, 26 de enero de 2009

El día que nadie fue a la cancha - Parte 2

La segunda fecha transcurrió igual, vacío total en todas las canchas. ¿Quién estaba detrás de todo esto? Porque miles de personas no se ponen de acuerdo así porque si, sin un líder o un grupo de gente que les diga que hacer. La cuestión estaba aparentemente organizada y no había ninguna cabeza visible en todo esto. Yo creo que lo que hay que hacer es suspender el fútbol por tiempo indeterminado, grito enfurecido un dirigente. Varios lo aplaudieron y otros que no estaban de acuerdo comenzaron a gritar al mismo tiempo. La reunión había comenzado a las 10 de la noche, eran las dos de la mañana y nadie se había puesto de acuerdo. Es lo mejor, para que aprendan y se dejen de joder, decía otro dirigente que estaba en la punta de la gran mesa, ya van a ver cuando estén aburridos y no tengan nada que hacer, ahora se hacen los cancheros, salen a dar vueltas por ahí, pero cuando estén podridos de sus mujeres van pedir a gritos que vuelva el fútbol. Otros decían que lo mejor era que por el resto del campeonato las entradas fueran gratuitas, cosa que no le causo gracia a nadie. Juguemos igual, como si nada pasara, lo que quieren es esto, que no nos pongamos de acuerdo, pero no lo van a lograr. No estoy de acuerdo, grito otro dirigente. ¡Ve, eso es lo que quieren! ¡Se lo dije! Cállese y déjeme hablar, le repito, no estoy de acuerdo, lo que yo creo que hay que hacer es parar el fútbol y dedicarnos a otros deportes, como por ejemplo el básquet, el voley, la gente de esos deportes nos van apoyar. ¡Y que hago con todos los jugadores que tengo en el club, los cuelgo de las bolas y los pongo en las vitrinas!, decía el tesorero de otro club totalmente desencajado, los números no me cierran por ningún lado, hago malabares en los balances y lo peor de todo es que nadie en el exterior quiere comprar a nuestros jugadores. Nuestro fútbol en el mundo esta desvalorizado. ¡De hecho en la liga portuguesa varios hinchas comenzaron a tomar la misma medida y los clubes están horrorizados, no nos pueden ni ver, ni los mail me contestan! ¡Además quiere que le diga una cosa, lo que dice es absurdo, si usted pretende que el numero cinco de mi equipo lo haga entrenar todo el día con una pelotita para ver si le emboca al aro, perdóneme, pero honestamente no se como carajo hizo usted para ser presidente de su club! A punto de irse a las manos, la cosa se había desvirtuado, volaban por el aire tazas de café y carpetas repletas de papeles, agrediendo a cualquier persona que tuviera ganas de hablar. En la reunión también había empresarios, periodistas y hasta un par de senadores y diputados que por pedido de sus altos gerentes políticos, querían interiorizarse de la situación. La cuestión era que para esta altura de la noche, nadie estaba de acuerdo. ¡Vengan con una solución, gritó de pronto el gran jefe, por lo menos con una, con una sola me conformo, ahora váyanse a gritar a otro lado, me tienen harto, me duele la cabeza y quiero descansar un rato! Esa mañana los medios de comunicación reflejaron con lujo de detalle los temas tocados en la reunión, lo que causo gran indignación entre la clase dirigencial. ¿Quién carajo publico esto? Preguntaban los dirigentes a sus respectivos empleados. Los periodistas que estaban en la reunión señor. ¿Había periodistas? ¿Cuándo llegaron a la reunion? Estuvieron desde el comienzo señor. ¿Y como no los vi? ¿Por qué carajo no me avisaron? Eso no lo se señor, usted estaba mas ocupado cagando a trompadas a otros dirigentes señor. La ventas habían caído más del 70 por ciento y los canales de televisión habían bajado considerablemente sus puntos de raiting. Varias empresas amenazaban con dejar los espacios de publicidad y los clubes estaban al borde de la quiebra. La solución no esta a la vista de nadie, decían los diarios en sus primeras planas. Esa mismo día, el gran jefe recibió una llamada. ¿Hola? Escúcheme una cosa, tengo muchos quilombos y honestamente no que que carajo pasa, pero le advierto que las cosas se están poniendo densas. Todos los ojos se enfocan acá y no tengo ni tiempo ni ganas de resolver nada. Necesito que haga funcionar la maquinaria de nuevo. Háganse cargo de esta situación, sino las cosas van a empeorar. ¿Me entendió? De pronto el ruido de ocupado estaba del otro lado de la línea. El gran jefe colgó lentamente el tubo y se sentó a mirar a través su ventana de que daba al río. El gran jefe había recibido la llamada del presidente de la nación. La cosa ya era cuestión de estado y se aproximaba el domingo sin ninguna solución… (Continuará)

Pablo Latorre 26-01-2009