jueves, 16 de abril de 2009

Silencio


El sin saberlo, se había enamorado de ella.
Ella sin saberlo, nunca supo que había alguien interesado.
El por momentos, la miraba y esperaba esa señal, ese segundo mágico y misterioso necesario para decirle las cosas y no hablar mas.
Ella sin saberlo, nunca supo que tenia que dar esa señal, por lo menos esa.
El hacia todo por ella.
Ella nunca supo que las cosas se hacían por ella.
El no sabia a ciencia cierta cuando convenía decir las cosas. Porque como en todas estas cuestiones, siempre se planteaban dos alternativas y lamentablemente en las dos, nunca saldría bien parado. Una aceptación lo condenaría a enamorarse perdídamente, con toda la dulce contradicción y el engaño encubierto de la felicidad que trae aparejado el amor. Y una negación, seria lo mas doloroso para que engañarnos, porque siempre la negativa en estas cuestiones, suelen dejar rastros, huellas, pequeños agujeros negros que desearíamos no volver a recorrer nunca.
Y entre las curvas con descensos de dulces condenas y las huellas del pasado que nos delatan, se planteaba la duda, la maldita e intensa duda que provoca que el tiempo se detenga y las agujas del reloj se olviden de nosotros para dejarnos aquí, en este mar sin agua, que nos ahoga igual aunque sepamos nadar.
El tema era entonces, cual de los dos dolores dolería menos.
El tiempo paso y las cosas nunca se dijeron. La vida continuó para ambos y las economías del mundo nunca dejaron de hundirse por culpa de este amor incomprendido.
Ella nunca supo, que había cosas que se ocultaban.
Y el por fin supo, que había un dolor mas intenso. Un dolor que nunca se iría y quedaría grabado en el medio de su frente para toda la vida: El dolor del silencio.

Pablo Latorre. San Marco Sierra, Córdoba. 11-04-2009