jueves, 16 de agosto de 2018

Malas noticias


Corrí desesperadamente hacia el teléfono y atendí como si nada me importara. De un hola, que tal, feliz, distendido en apariencia, hasta un adiós imperceptible, seco y doloroso. La peor noticia había llegado. Aunque no quisiera, sabía que esto podía pasar. ¿Qué hago? Marque su número y decidí colgar antes de tiempo. No podía hacerlo. ¿Por qué yo? Mire por la ventana y maldije la suerte que me había tocado, pero pensándolo bien, era mejor que se entere ahora, antes de que se entere por otro lado. En su lugar me gustaría que me avisen. Sonó el teléfono y lo deje sonar hasta la sexta llamada. ¿Hola? alcance a decir, temeroso. Me calme al escuchar que no era su voz. ¿Lo llamaste? Yo no. ¿Vos? Yo tampoco y de pronto, lo que no quería escuchar, se hizo realidad. Tenía que llamarlo yo. Colgué de manera abrupta, con furia, pegando un grito contra la pared y maldiciendo la suerte que me había tocado. Cerré los ojos, respire profundo tomando al mismo tiempo coraje y comencé a discar. Ojala de ocupado, pensaba, así por lo menos la intención estuvo, yo llame, ahora si está hablando con otra persona, justo en el mismo momento que estoy llamadolo yo, estoy libre de culpas y me voy a dormir tranquilo, sabiendo que hice todo lo que tenía a mi alcance. Cuando deje de pensar, del otro lado dijeron ¿hola, quien es? ¿Qué haces? Atine a decir. ¿Qué pasa? Me pregunto sabiendo que algo no estaba bien. Mira, tengo que decirte algo; Si, decime; y la peor noticia llego por el tubo sin interrupciones. Silencio. ¿Y cómo fue? Pregunto resignado. No tengo idea, recién me acaban de avisar. De pronto se escuchó un ruido como si algo se rompiera y cortaron. El día ya no sería el mismo. El sonido de ocupado seguía en línea. Colgué mientras miraba por la ventana como llovía torrencialmente. Lamentaba este maldito día y lamentaba tener que haber sido yo el que diera tan triste noticia.
Se había suspendido el partido y todo por culpa de esta maldita lluvia que no paraba.


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